Sueños de Macarena


 Últimamente mi vida  parece que ha perdido todo sentido, cuando se tiene todo y ese todo se empeña en quitarte al mundo, la existencia se convierte en  una completa falsedad, el dinero se vuelve vano y mi libertad se ve obligada a limitarse a un enorme paraíso de concreto.  En ocasiones escucho voces que se apoderan de mi conciencia  y en otras  son voces reales que con  acento francés me prometen el universo, ya lo decía Frida Kahlo, “si quiero la luna, me la bajo yo sola”, ¡bueno!, pero como todo monologo, debí al menos presentarme al inicio, aunque estúpidamente  sepa que esto no es más que un simple diario. 

Hola, mi nombre es Macarena, tengo 20 años y me quedan pocos otoños de vida, trabajo en  “Club Paradise”, el verdadero cielo para los hombres cuyas esposas los engañan con sus vecinos esculpidos, sí,  así es, trabajo en la Junquera, la Sodoma de Francia y España, para los camioneros, ancianos y pubertos con entrepiernas aun por desarrollar, es un verdadero paraíso, para mí no es más que un tártaro con demonios y ángeles conviviendo juntos, y estúpidas sillas con formas extrañas donde los hombres demuestran lo que no saben hacer. 

No tienes que ser un genio para descubrir  que soy una ramera,  o meretriz se te gustan las palabras rebuscadas, y si no lo notaste, es porque aún no conoces el infierno disfrazado de cielo, es decir que aun eres virgen. 

Soy oriunda de Málaga, tierra donde el destino se encargó de expulsarme para     transformarme en  un simple objeto,  reducida a juguete  sexual por hombres con aliento a estiércol en el pueblo español más querido por los franceses “La Junquera”, de ante mano te digo que es una completa mierda.

 Como de costumbre tengo el honor en mi día a día de conocer a hombres envueltos en finas corbatas y otros en andrajos, algunos son interesantes y otros no tienen ni diez centímetros de felicidad, para mí todos los energúmenos que llegan al burdel son ogros con caras bonitas y otros con caras de letrina, pero ninguno con corazón de carne, todos con un objetivo claro “Saciar sus más repugnantes deseos”, o eso pensaba hasta que conocí a un príncipe que vestía una chaqueta negra y dentro de la chaqueta una camiseta para pesca deportiva, y es aquí donde empieza mi trágica historia de amor. 

Un día como cualquier otro, llegó al paraíso, se sentó en una silla y con un gesto amable pidió una cerveza al mesero, al cruzarse sus ojos con los míos sentí las cursis maripositas en el estómago, con las cuales comprobé que si existe el amor a primera vista. Me acerqué a él, y al mirar su escuálido cuerpo, algo me dijo que él era el hombre que yo quería para mí, su rostro no era hermoso, pero sus ojos y su voz fue lo más triste que yo haya presenciado en mi  corta existencia. 

Con voz taciturna y un poco trémula dijo: -Hola, soy Nicolo. 

Hola, mi nombre es  Macarena. (Le dije con las mejillas ruborizadas por un idilio bobo). 

-Sabes, Macarena, eres la mujer más olorosa que mi pronunciada nariz haya olfateado. 

Yo reí prolongadamente del extraño cumplido hasta que mis lágrimas rodaran por mis mejillas, era la primera vez que alguien me había hecho llorar de risa.

 -Jejeje, Nicolo, eres el flaco más hermoso que mis ojos hayan visto jamás. Le dije con el corazón en las manos a punto de entregárselo. 

Conversamos mucho y desde ese instante me prometí robarle el corazón. Lo quise llevar a la cama, lo quería para mí, quería que su cuerpo se fusionara con el mío, deseaba sus besos, deseaba su alma. Nicolo no pudo quedarse esa noche, solo me dejó de regalo, un beso frio que se calentó al unir mis labios con los suyos. Uff fue como viajar al cielo, sus lívidos labios se encarnecieron y mi corazón se sintió libre estando encerrada aún en el paraíso.

Lugo de su triste partida me dispuse a atender a un grupo de importantes hombres de negocios, los cuales excitados por el erótico ambiente, se derretían  en sus infernales lujurias, balbuceando como perros cuando les ofrecen comida.

En una  mesita rodeada por esos importantes idiotas,  tuve que bailar sin pudor, aunque admito  que sus rostros extasiados me perturbaban el sosiego. En medio de los sensuales pasos observé como sus virilidades se despertaban y llegué a la conclusión que lo único importante para muchos hombres es aumentar su ego con el pleno ejercicio de utilizar sus  mediocres dones. Esto es tan relevante para los machos que hasta le ponen nombres, como si de una mascota se tratase.

Alcé la cabeza y levanté una pierna, y por un instante fortuito,  una maravillosa escena divagó  por mi imaginación.

En ella  aparecía Nicolo, que con unas cuantas flores blancas en las manos me invitaba a bailar, me invitaba a formar parte de su regazo.

Un pellizco en el pezón me despertó de mi tonto encantamiento. No supe cómo reaccionar en el instante,  solo vi los ojos azules de un gordo depravado que me comían perplejos. Un impulso extraño se apoderó de mí, y sin meditarlo mucho  le clavé el taco en su cara.

El hombre gritó de desesperación, saliendo de su boca solo dos palabras que me estremecieron.

-¡Perra maldita!

-¡Perra maldita!

Me asusté muchísimo y mis lágrimas brotan por mi polvorienta cara. Una amiga llamada Dixla, se acercó a socorrerme.

-¿Qué te pasó Macarena, por qué agrediste al cliente?

- Nada. Lo golpee porque me pellizcó los pezones.

-Pero Macarena, nosotras estamos acostumbradas a eso (dijo Dixla con su acento colombiano)

-Lo, sé pero el tio se lo merecía, además…. No sé en realidad por qué lo hice, ¡Creo que mes estoy cansando de estar aquí!

-Ya no diga más pues, vamos para la recamara, venga que yo la acompaño.

Dixla me dejó en mi arrabal de habitación y se fue a trabajar como de costumbre. De todas las chicas Dixla es la que más trabaja, en Colombia tiene una familia enorme que mantener los cuales piensan que ella se está destacando como modelo en Europa.

Me sentí cansada y extraña al mismo tiempo, tuve una sensación de no pertenecer a ese lugar, las paredes y el viejo diván, se movían como si tuvieran vida, las cosas empezaron a dar vueltas y caí rendida en una espeluznante pesadilla. Mi cuerpo estaba muy débil y casi no se movía, me arrastré unos metros en un lugar oscuro y vacío, pero más adelante había una luz muy fuerte, como pude me acerqué a ella. Dentro del agujero luminoso pude visualizar a una mujer que llevaba un hábito similares a los que utilizan las monjas, no pude distinguir a que congregación pertenecía, solo la blancura fulgurosa de la tela   que centellaba mis ojos, la mujer estaba dormida acostada en una humilde cama de claustro, pero por la expresión de su rostro, deduje que algo la atormentaba, baje la mirada y en su regazo estaba una rosa negra y el mismo diario que hoy tengo en mis manos.

Grité de desesperación, sin embargo no pude salir del sueño hasta que una voz omnipotente dijo.

-Macarena, Macarena.

-Despierta, despierta mujer.

De un salto abrí los ojos y me encontré bañada en sudor  con Camila a mi lado, sin meditar mucho la abracé fuertemente.

Camila es una chica ecuatorina, de un lugar llamado Loja, es una mujer verdaderamente bella e inteligente, la mezcla perfecta.

-Macarena, en el salón te está esperando un joven de nombre Nicolo.

-¡Nicolo!

-Por su emoción y la gran sonrisa que pintada en su rostro, parece que está enamorado.

-¡Sí, Nicolo es un chico que conocí ayer! (Dije con entusiasmo)

Por un instante había olvidado la extraña pesadilla que me atormentaba, de la emoción salté de la cama y me duché, para acicalarme después y quedar  muy bella.

Camila se fue a descansar y con voz sabia dijo:

-Cuidado Macarena, el que se enamora pierde.

No le presté importancia, porque sabía que  ella no creía en el amor.

Bajé al salón y ahí estaba él, en su mano llevaba un ramo de las dalias más hermosas  que haya visto, lo miré a la distancia y me sonrió con ternura.

Él estaba en el mismo lugar de ayer,  sentado mirándome con sus profundos ojos cándidos.

Tuvimos una energética conversación y decidimos escaparnos del lugar para pasear por el bosque y tener un rato de armonía. Pensé precipitadamente que Nicolo era el hombre con el cual yo quería pasar el resto de mi vida.

El bosque era todo verde, lleno de vida por la llegada  de la primavera, caminamos hasta un gran madroño, nos tumbamos en el suelo y fuimos feliz por un momento.

Nicolo sacó de su mochila  un pequeño cuaderno  que para sorpresa mía, era idéntico al diario en el que hoy estoy escribiendo. Dijo que tenía unos versos muy bonitos que regalarme, yo ansiosa quise escucharlo y el sacó los versos más lindos de su corazón, no me lo podía creer que siendo yo  una prostituta común, alguien se atrevería a alagarme tanto como un caballero añora a su doncella.

Los versos y los besos fueron rodando por nuestras pieles y las flores primaverales se aparataban del pasto donde nuestros cuerpos reposaban, las nubes formaban siluetas  y mi corazón latía como si de amor pudiera morir. Me sentí como una  verdadera princesa de cuentos de hadas, él me sujetaba con sus finos brazos, haciéndome de su propiedad por ese momento, nuestros cuerpos yacían desnudos empapados de un sudor brillante que al reflejo del sol radiaba como zafiros, nos quedamos dormidos, pero de pronto esa armonía se disipó, dándome vueltas la cabeza como si me trasportara a otra dimensión, me senté y medité un poco  los disparates que estaba pensando, pero mis miedos crecieron cuando vi a mi príncipe.

Nicolo se encontraba con una daga clavada en el corazón, grité y grité en medio de la nada, traté de auto calmarme, pero todo fue en vano, mis miedos no cesaban. No podía soportar ver a Nicolo muerto, no podía ver al amor de mi vida en ese estado.

Se me hizo tentadora  la idea de abrazarlo y no soltarlo nuca jamás, me regocije en su pecho y empuñé la daga hundiéndola en lo más profundo de su torso, lloré desconsoladamente, mientras pequeñas imágenes me perturbaban.

En las imágenes salía yo apuñalando a Nicolo y bebiendo su sangre, saboreaba cada gota de su oscura sangre, la conciencia volvió a mí, grité porque estaba aterrada, no sabía si era una asesina  o si estos  sucesos eran solo sueños.

Salí corriendo de la escena, corrí  asustada,  lo que para mí había sido un homicidio  en realidad solo era un perfecto delirio, pues al abrir los ojos veía a lo lejos a Nicolo durmiendo placentero a la sombra del gran árbol, los cerraba y me veía a mí adsorbiendo la sangre de un hombre que acababa de asesinar.

Devastada me arrastre hasta llegar a un lugar opulento donde se alzaba una gran Cruz y con el último aliento  escribí esta entrada en mi  diario.                  

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